EL LÍMITE : LAS ESTRELLAS ...
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lunes, 22 de marzo de 2010

Retrato 5


Retrato realizado con acrílico

Retrato 4

Retrato realizado con pastel.

Retrato 3


Retrato realizado con tinta china

Retrato 2

Este es un pequeño retrato de una imagen de Semana Santa realizada en acuarela y bolígrafo.

Retrato 1


La casa del Porrero, Montellano


Esta es la "casa del Porrero" de Montellano. Se realizó como ejercicio de la asignatura de Paisaje. Este es el resultado de tres horas y media de trabajo. Realizado en acrílico. 70 x70 cms.

miércoles, 17 de marzo de 2010

El monte de las ánimas.Gustavo Adolfo Bécquer.2


























(Continuación de la anterior entrada)
III
Había pasado una hora, dos, tres; la media noche estaba a punto de sonar, y Beatriz se retiró a su oratorio. Alonso no volvía, no volvía, cuando en menos de una hora pudiera haberlo hecho.
-¡Habrá tenido miedo! -exclamó la joven cerrando su libro de oraciones y encaminándose a su lecho, después de haber intentado inútilmente murmurar algunos de los rezos que la iglesia consagra en el día de difuntos a los que ya no existen.
Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas de seda, se durmió; se durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso.
Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños las vibraciones de la campana, lentas, sordas, tristísimas, y entreabrió los ojos. Creía haber oído a par de ellas pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, y por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana.
-Será el viento -dijo; y poniéndose la mano sobre el corazón, procuró tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más violencia. Las puertas de alerce del oratorio habían crujido sobre sus goznes, con un chirrido agudo prolongado y estridente.
Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban paso a su habitación iban sonando por su orden, éstas con un ruido sordo y grave, aquéllas con un lamento largo y crispador. Después silencio, un silencio lleno de rumores extraños, el silencio de la media noche, con un murmullo monótono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sienten, estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se ve y cuya aproximación se nota no obstante en la oscuridad.
Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las cortinillas y escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la frente, tornaba a escuchar: nada, silencio.
Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como bultos que se movían en todas direcciones; y cuando dilatándolas las fijaba en un punto, nada, oscuridad, las sombras impenetrables.
-¡Bah! -exclamó, volviendo a recostar su hermosa cabeza sobre la almohada de raso azul del lecho-; ¿soy yo tan miedosa como esas pobres gentes, cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura, al oír una conseja de aparecidos?
Y cerrando los ojos intentó dormir...; pero en vano había hecho un esfuerzo sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse más pálida, más inquieta, más aterrada. Ya no era una ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta habían rozado al separarse, y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz lanzó un grito agudo, y arrebujándose en la ropa que la cubría, escondió la cabeza y contuvo el aliento.
El aire azotaba los vidrios del balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía con un rumor eterno y monótono; los ladridos de los perros se dilataban en las ráfagas del aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, otras distantes, doblan tristemente por las ánimas de los difuntos.
Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora: vuelta de su temor, entreabrió los ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de seda del lecho, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez mortal descoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio había visto sangrienta y desgarrada la banda azul que perdiera en el monte, la banda azul que fue a buscar Alonso.
Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la muerte del primogénito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido devorado por los lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, la encontraron inmóvil, crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho, desencajados los ojos, entreabierta la boca; blancos los labios, rígidos los miembros, muerta; ¡muerta de horror!
IV
Dicen que después de acaecido este suceso, un cazador extraviado que pasó la noche de difuntos sin poder salir del Monte de las Ánimas, y que al otro día, antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas horribles. Entre otras, asegura que vio a los esqueletos de los antiguos templarios y de los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de la oración con un estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas de corceles, perseguir como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y desmelenada, que con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de horror, daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.

El monte de las ánimas.Gustavo Adolfo Bécquer.1




Este es el último de los temas de la Exposición de Ilustración. Pertenece al libro de "Rimas y Leyendas".
[Leyenda soriana. Texto completo]


La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria.
Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice.
Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche.
Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.
I
-Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se reúnan los cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos los Santos y estamos en el Monte de las Ánimas.
-¡Tan pronto!
-A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero hoy es imposible. Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte.
-¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?
-No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa historia.
Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos; los condes de Borges y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos siguieron a sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían la comitiva a bastante distancia.
Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida historia:
-Ese monte que hoy llaman de las Ánimas, pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a sus nobles de Castilla; que así hubieran solos sabido defenderla como solos la conquistaron.
Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos.
Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres, los lobos a quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse.
Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche.
La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos jóvenes llegaban al extremo del puente que da paso a la ciudad por aquel lado. Allí esperaron al resto de la comitiva, la cual, después de incorporárseles los dos jinetes, se perdió por entre las estrechas y oscuras calles de Soria.
II
Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica del palacio de los condes de Alcudiel despedía un vivo resplandor iluminando algunos grupos de damas y caballeros que alrededor de la lumbre conversaban familiarmente, y el viento azotaba los emplomados vidrios de las ojivas del salón.
Solas dos personas parecían ajenas a la conversación general: Beatriz y Alonso: Beatriz seguía con los ojos, absorta en un vago pensamiento, los caprichos de la llama. Alonso miraba el reflejo de la hoguera chispear en las azules pupilas de Beatriz.
Ambos guardaban hacía rato un profundo silencio.
Las dueñas referían, a propósito de la noche de difuntos, cuentos tenebrosos en que los espectros y los aparecidos representaban el principal papel; y las campanas de las iglesias de Soria doblaban a lo lejos con un tañido monótono y triste.
-Hermosa prima -exclamó al fin Alonso rompiendo el largo silencio en que se encontraban-; pronto vamos a separarnos tal vez para siempre; las áridas llanuras de Castilla, sus costumbres toscas y guerreras, sus hábitos sencillos y patriarcales sé que no te gustan; te he oído suspirar varias veces, acaso por algún galán de tu lejano señorío.
Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia; todo un carácter de mujer se reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados labios.
-Tal vez por la pompa de la corte francesa; donde hasta aquí has vivido -se apresuró a añadir el joven-. De un modo o de otro, presiento que no tardaré en perderte... Al separarnos, quisiera que llevases una memoria mía... ¿Te acuerdas cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto la salud que viniste a buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi gorra cautivó tu atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre tu oscura cabellera! Ya ha prendido el de una desposada; mi padre se lo regaló a la que me dio el ser, y ella lo llevó al altar... ¿Lo quieres?
-No sé en el tuyo -contestó la hermosa-, pero en mi país una prenda recibida compromete una voluntad. Sólo en un día de ceremonia debe aceptarse un presente de manos de un deudo... que aún puede ir a Roma sin volver con las manos vacías.
El acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó un momento al joven, que después de serenarse dijo con tristeza:
-Lo sé prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y el tuyo ante todos; hoy es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar el mío?
Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la mano para tomar la joya, sin añadir una palabra.
Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y volviose a oír la cascada voz de las viejas que hablaban de brujas y de trasgos y el zumbido del aire que hacía crujir los vidrios de las ojivas, y el triste monótono doblar de las campanas.
Al cabo de algunos minutos, el interrumpido diálogo tornó a anudarse de este modo:
-Y antes de que concluya el día de Todos los Santos, en que así como el tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo, ¿no lo harás? -dijo él clavando una mirada en la de su prima, que brilló como un relámpago, iluminada por un pensamiento diabólico.
-¿Por qué no? -exclamó ésta llevándose la mano al hombro derecho como para buscar alguna cosa entre las pliegues de su ancha manga de terciopelo bordado de oro... Después, con una infantil expresión de sentimiento, añadió:
-¿Te acuerdas de la banda azul que llevé hoy a la cacería, y que por no sé qué emblema de su color me dijiste que era la divisa de tu alma?
-Sí.
-Pues... ¡se ha perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela como un recuerdo.
-¡Se ha perdido!, ¿y dónde? -preguntó Alonso incorporándose de su asiento y con una indescriptible expresión de temor y esperanza.
-No sé.... en el monte acaso.
-¡En el Monte de las Ánimas -murmuró palideciendo y dejándose caer sobre el sitial-; en el Monte de las Ánimas!
Luego prosiguió con voz entrecortada y sorda:
-Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces; en la ciudad, en toda Castilla, me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar mis fuerzas en los combates, como mis ascendentes, he llevado a esta diversión, imagen de la guerra, todos los bríos de mi juventud, todo el ardor, hereditario en mi raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras que he muerto por mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres; y he combatido con ellas de día y de noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y nadie dirá que me ha visto huir del peligro en ninguna ocasión. Otra noche volaría por esa banda, y volaría gozoso como a una fiesta; y, sin embargo, esta noche... esta noche. ¿A qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte comenzarán ahora a levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas que cubren sus fosas... ¡las ánimas!, cuya sola vista puede helar de horror la sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento sin que se sepa adónde.
Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó en los labios de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó con un tono indiferente y mientras atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la leña, arrojando chispas de mil colores:
-¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por semejante friolera! ¡Una noche tan oscura, noche de difuntos, y cuajado el camino de lobos!
Al decir esta última frase, la recargó de un modo tan especial, que Alonso no pudo menos de comprender toda su amarga ironía, movido como por un resorte se puso de pie, se pasó la mano por la frente, como para arrancarse el miedo que estaba en su cabeza y no en su corazón, y con voz firme exclamó, dirigiéndose a la hermosa, que estaba aún inclinada sobre el hogar entreteniéndose en revolver el fuego:
-Adiós Beatriz, adiós... Hasta pronto.
-¡Alonso! ¡Alonso! -dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero cuando quiso o aparentó querer detenerle, el joven había desaparecido.
A los pocos minutos se oyó el rumor de un caballo que se alejaba al galope. La hermosa, con una radiante expresión de orgullo satisfecho que coloreó sus mejillas, prestó atento oído a aquel rumor que se debilitaba, que se perdía, que se desvaneció por último.
Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas aparecidas; el aire zumbaba en los vidrios del balcón y las campanas de la ciudad doblaban a lo lejos. (...)

La balada de la cárcel de Reading. Oscar Wilde 2
































Esta es la segunda ilustración a la que acompaña el siguiente fragmento:
"La Balada de la cárcel de Reading", Formato 80 figura, Acrílico sobre lienzo 2009
“Jamás he visto a un hombre que mirara
con tan ávidos ojos esa tienda
diminuta y azul que los penados
en su cautividad llaman "el cielo",
y esas nubes movidas por el viento
con sus velas de mar, color de argento.”

La balada de la cárcel de Reading. Oscar Wilde


Esta es una Balada realizada cuando Oscar Wilde estuvo en prisión. Este texto ha sido seleccionado para la Exposición de Ilustración y podéis encontrarlo completo en éste enlace:http://amediavoz.com/wildeBalada1.htm
Para las Ilustraciones dedicadas a éste tema he seleccionado dos fragmentos. El primero es éste:
-“Desesperanza”, La balada de la cárcel de Reading. Formato: A3. Papel y tinta. 2009.
"Éramos como hombres que en un fango
de sucia oscuridad, fuesen a tientas;
no osábamos decir una plegaria
ni darle libertad a nuestras ansias,
porque algo había muerto en cada uno
de nosotros mismos, y ese algo era
que había muerto en nosotros la Esperanza!”

martes, 16 de marzo de 2010

Antonin Dvorak, Tempo di valse (Serenade for strings in E Major, Op 22)



Esta música tan maravillosa es la seleccionada para formar parte de nuestra exposición. Cada uno la ha interpretado a su manera. Podéis escucharla en este enlace: http://www.youtube.com/watch?v=disqzLW1QJA&feature=related
Para mi el vals es siempre cosa de dos por ello lo he ilustrado con éstas dos interpretaciones que espero que os gusten y están pensadas para ser degustadas simultáneamente con la música. Buen provecho.

miércoles, 3 de marzo de 2010

La Hº Interminable III.


-ILUSTRACIONES:

-Atreyu se enfrenta a las Esfinges. Tinta sobre papel. A3.
- Xayide. Tinta sobre papel A3.
- La torre de Marfil donde vive la Emperatriz Infantil. Tinta sobre papel, A3.

-NOTA: Todas las ilustraciones de este blog son originales de Ana Salguero Palacín. Pueden contactar con ella para cualquier encargo.

martes, 2 de marzo de 2010

La Historia Interminable. Michael Ende II

Personajes principales:

Bastián Baltasar Bux

Bastián Baltasar Bux es el primer protagonista de la historia; es quien encuentra el libro y se dedica a leerlo, escondido en el desván de su colegio.A mitad del libro, Bastián se vuelve un personaje de La Historia Interminable, en Fantasia. Es investido con el amuleto Auryn, que le concede deseos. La Emperatriz Infantil le dice que cuantos más deseos pidiera, Fantasia sería más grande.Pero Bastián no sabe que por cada deseo que pide, enriqueciendo Fantasia, un recuerdo de su mundo real desaparece. Mientras la historia evoluciona Bastián sigue perdiendo recuerdos del mundo real mientras pide deseos en Fantasia. Confundido por la hechicera Xayide, traiciona a la Emperatriz Infantil y ataca la Torre de Marfil, hiriendo de gravedad a Atreyu. Casi sin recuerdos, y sin ellos, sin la posibilidad de pedir nuevos deseos, Bastián pasa por casualidad por la La Ciudad de los Antiguos Emperadores.Se embarca con los Yskálnari a través del Mar de Niebla, pasa una temporada en la Casa del Cambio junto a Doña Aiuola y finalmente pasa un largo tiempo trabajando en las entrañas de las minas delMinroud de Yor, buscando una imagen, un sueño olvidado, que lo ayude a encontrar su Verdadera Voluntad y así volver al mundo real. Con la ayuda de Fújur y Atreyu, regresa al mundo real como mejor persona, capaz de amar, llevándole de las Aguas de la Vida a su padre lo cual era su más profundo deseo. Bastián y intercambian historias de sus aventuras en Fantasia, a lo cual, Koreander revela que una persona puede volver a Fantasia tantas veces como pueda pensar en nombres para la Emperatriz Infantil, y sugiere que Bastián enseñará a otros el camino a Fantasia.

Atreyu

Atreyu es un joven cazador de la tribu de los "Hombres de Hierba", también conocidos como "Pieles Verdes". Sus padres murieron a causa de un búfalo purpúreo poco después de su nacimiento, de tal forma que es criado por toda la aldea (Atreyu, en fantasio clásico o Gran Lenguaje, significa "Hijo de Todos"). Es a él a quien la Emperatriz Infantil encomienda la Gran Búsqueda, para salvar la tierra de Fantasia, encontrando la cura para la enfermedad que ella padece.

La Emperatriz Infantil

La Emperatriz Infantil (Die Kindliche Kaiserin en alemán), monarca de Fantasia, reside en La Torre de Marfil, palacio en el corazón del reino. Su descripción es el de una niña indescriptiblemente hermosa, no mayor de diez años, a pesar de ser infinitamente mayor que cualquier otro ser. Su cabello es de una blancura nívea, como su túnica, y sus ojos, del color del oro (Uno de sus muchos títulos es " La Señora de los Deseos, la de los Ojos Dorados")
A pesar de que ella es formalmente la gobernante de Fantasia, no interfiere con sus súbditos ni les impone otra obligación que el ser tal como ellos son, sin distinguir entre el bien y el mal, la belleza y la fealdad, siendo así, una Fantasia corpórea, razón por la cual, todos sus súbditos respetan su autoridad. Si ella muriese, Fantasia y todas sus criaturas morirían irremediablemente, pues ella es el corazón de toda Fantasia y todo vive gracias a ella.
Como La Vetusta Morla (una de las criaturas más viejas, sabias y poco sociables de Fantasia) cuenta en una de las aventuras de Atreyu, su edad no se calcula por años en el tiempo ("Ella es mucho más vieja que los seres más viejos de Fantasia [...] o más aún, no tiene edad"), sino por nombres, razón por la cual necesita continuamente que un humano, quien sólo puede nombrarla, viaje a Fantasia. Cuando ella necesita nuevos nombres, empieza a enfermarse, lo que se traduce en Fantasia que la Nada aparezca.
ÁURYN, (siempre con mayúsculas) es un medallón con dos serpientes esculpidas en relieve, una clara y otra oscura, que se muerden mutuamente las colas y con la frase "HAZ LO QUE QUIERAS" en su reverso. Es el símbolo de la Emperatriz Infantil, por lo que los habitantes de Fantasia lo respetan al punto de no pronunciar su nombre, sino que le llaman eufemísticamente La Alhaja , El Esplendor o El Pentáculo. El medallón brinda a su portador protección absoluta, ya que ningún ser de Fantasia se atrevería a atacarle. Cuando lo lleva un ser humano, Áuryn cumple sus deseos hasta llegar a su Verdadera Voluntad. Sin embargo el riesgo es que olvide al mundo real por completo y entonces no pueda volver. Además, al final del libro se rebela que es además el Portal que conecta el mundo de Fantasia y el mundo de los humanos.

Fújur [editar]

Fújur es un dragón blanco de la suerte, que son de los animales más raros de Fantasia, donde los dragones de la suerte no se parecen en nada a los dragones corrientes. Ellos son criaturas del aire y del buen tiempo, de una alegría desenfrenada, y a pesar de su colosal tamaño, ligeros como una nubecilla de verano. Por eso no necesitan alas para volar.Su cuerpo es largo y flexible, con escamas color madreperla. Sus ojos son de color rubí. Nadan por los aires del cielo lo mismo que los peces lo hacen en el agua. Desde tierra, parecen relámpagos lentos. Y lo más maravilloso en ellos es su canto.Su voz es como el repicar de una campana de bronce. Luego de que Ártax, el caballo de Atreyu murió, Fújur fue quien lo acompañó en la Gran Búsqueda.

Xayide

Xayide es una maga o hechicera (que tenía un ojo verde y otro rojo) que vivía en "La Mano Vidente" (un edificio en forma de una mano saliendo de la tierra con ventanas en forma de ojos) antes de ser derrotada por Bastián, para posteriormente ofrecércele como consejera. Sin embargo, sus verdaderas intenciones son sembrar la discordia entre Bastian y Atreyu. (wikipedia)

La Historia Interminable. Michael Ende


Ilustración: Autor: Ana Salguero Palacín. Título: La historia Interminable.
Acrílico sobre lienzo. 114 x 146 cms
Bastián es un chico de diez u once años de edad cuya vida no es fácil, ya que ha quedado huérfano de madre y mantiene una relación distante con su padre. Tampoco se relaciona con los chicos de su edad en la escuela, ya que es objeto de burlas y maltratos. Por lo tanto, suele refugiarse en los libros llenos de aventuras, lo que le permite disfrutar de un mundo que le parece más interesante que su vida real. Un día, escapando de un grupo de chicos que lo molestan, Bastián se refugia en una librería, propiedad del Sr. Koreander, donde encuentra un libro titulado "La historia Interminable". Para Bastián, este es el mejor libro de todos, porque él siempre ha querido una historia que nunca termine. Así, el muchaho no puede resistirse a robar el libro y huir con él al desván de su escuela. Allí comienza a leerlo.
En el reino de Fantasia, la Emperatriz Infantil está mortalmente enferma. Y conforme su padecimiento progresa, la imaginación está condenada en sí. Su reino y todos los seres que moran en él son tragados poco a poco por la Nada, literalmente. Por ello, la Emperatriz llama a Atreyu, un joven guerrero de la tribu de los “hombres de hierba” que posee exactamente la clase de coraje, la valentía y la determinación que Bastián quisiera para sí mismo. Su misión es obtener una cura para la Emperatriz, salvando así al reino. Atreyu habrá de viajar de un lugar a otro del reino sin fronteras de Fantasia, encontrándose con muchos y muy diversos de sus habitantes; entre ellos a Fújur, un dragón blanco de la suerte. Eventualmente, descubrirá que él mismo no es capaz de rescatar a Fantasia: Su verdadera misión es conseguir que una criatura humana le dé un nuevo nombre a la Emperatriz Infantil. Sólo de esta manera, se podrá recuperar.
Bastián sigue, con mucho interés, las aventuras de Atreyu a cada paso. Sin embargo, se resiste a creer que él pueda, de algún modo, interferir en el curso de "La historia Interminable", a pesar de las fugaces pruebas que se le ofrecen. Él piensa que es muy poca cosa; se considera indigno e incapaz de semejante tarea. Por consecuencia, cuando la destrucción de Fantasia parece inminente, la Emperatriz Infantil en persona arriesga su último aliento para llamarlo. Es en el último momento que Bastián lo comprende y acepta que es él y no Atreyu quien salvará el reino y a la Emperatriz, dándole el nuevo nombre tan desesperadamente necesario: Hija de la Luna.
Como resultado, Bastián entra al universo de Fantasia. La Emperatriz le encarga crear un nuevo mundo a partir de su imaginación y sus deseos. Para ello, le hace entrega del medallón ÁURYN, el símbolo de la Emperatriz en persona, que le dará el poder de la creación sin límites. Así, con el poder del amuleto, Bastián empezará a pedir un deseo tras otro y verlos cumplirse ante sus ojos. Inicialmente, él trata de deshacerse de todas las debilidades que le han atormentado en su vida anterior. Él quiere ser fuerte, valiente, sabio y vivir muchas aventuras. Pero la Emperatriz no le advierte a Bastián que con cada deseo que pida, perderá un recuerdo de su vida pasada.
El muchacho, confundido por una hechicera llamada Xayide, tiene cada vez más ambición de poder, y eventualmente tratará de derrocar a la Emperatriz Infantil como soberana de Fantasia, provocando guerra, desolación y caos. Derrotado y casi demasiado tarde, se da cuenta que deberá ser capaz de reconocer su verdadera voluntad, porque sólo esto le podrá conducir de vuelta a casa. Si falla en esta tarea, permanecerá atrapado en el mundo de Fantasia -sucumbiendo incluso a la locura- pero si tiene éxito, podrá llevar la experiencia que ha reunido en el mundo de Fantasia a su vida en el mundo real, para beneficio de ambos.
Al final, tras haber perdido todos sus recuerdos, es gracias a la ayuda de Atreyu y Fújur que es capaz de encontrar el camino de regreso, a través de ÁURYN. Cuando Bastian vuelve a su mundo, se da cuenta que su padre realmente le quiere y se preocupa por él. Luego acude a la librería; inicailmente con la intención de devolver el libro, pero éste ha desaparacido. Bastian se lo cuenta al Sr. Koreander, quien muestra mucho interés en las aventuras del muchacho -pues resulta que él también ha sido un viajero al mundo de Fantasia-, y le confiesa al muchacho que hay más de un libro y más de un modo de ir y volver. (wikipedia)